Elegir una baraja y hacerla suya
Por dónde empezar, cómo barajar y cuánto ritual merece la pena conservar.
Empiece con una baraja cuyas imágenes cuenten historias. Los dibujos de Rider-Waite-Smith, y las muchas barajas construidas sobre ellos, ponen una escena en cada carta, también en las numeradas. Eso importa más de lo que parece: una carta que no ha memorizado se puede leer mirando qué está pasando en ella.
Las barajas que dibujan los menores como filas de copas y monedas suelen ser preciosas. También son bastante más duras para aprender, porque no hay nada que leer.
Más allá de eso, una sola exigencia. Tiene que gustarle tenerla en la mano, porque una baraja que le parece fea no la va a sacar de la estantería.
Barajar
Sirve cualquier método que mezcle de verdad. En la mano, a la americana, o extendidas boca abajo sobre la mesa y removidas con las dos manos. Si lee las invertidas, esa última manera es la más sencilla para obtenerlas. Si no las lee, mantenga la baraja en un solo sentido y no vuelva a pensar en ello.
Baraje hasta que le parezca terminado. Contar no hace falta. Cortar o no cortar no cambia nada mecánicamente, y el sentido de cortar es exactamente uno: le da un segundo para recogerse antes de la primera carta.
El ritual, dicho con franqueza
Luz de luna, paño de seda, que nadie más la toque. Las cartas no cambian por eso. Usted sí, y eso no es poco: una tirada funciona enteramente con atención, y una rutina pequeña y constante le anuncia a su atención que algo empieza.
Conserve pues lo que le recoge y deje caer lo que se ha convertido en obligación sin avisar. Si una regla sobre su baraja es la razón de que lleve un mes sin abrirla, la que pierde es la regla.